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domingo, 26 de julio de 2015

Felicidad según Epicuro


Epicuro, filósofo fundador de una de las escuelas más importantes de pensamiento de la edad Helenística y Romana.

La esencia de la filosofía epicúrea, es curar la enfermedad del alma y de enseñar a las personas a vivir plenamente del placer.

Los hombres son incapaces de encontrar la felicidad porque no se sienten nunca satisfechos de aquello que tienen, o porque quieren a toda costa aquello que nunca podrán tener, o porque pierden el placer que tienen con el constante temor de perderlo.

A continuación extractos de “Carta sobre la Felicidad” de Epicuro a Meneceo:

Nunca se es demasiado joven ni demasiado viejo para conocer la felicidad. A cualquier edad es bonito ocuparse del bienestar de nuestra alma. Quién va por ahí diciendo que no ha encontrado el momento para dedicarse a la propia felicidad, o que ya es demasiado tarde, es como si sostuviera que no es todavía el momento de ser feliz, o que ya ha pasado la edad para serlo.

Sin embargo es justo que nosotros, tanto de jóvenes como de mayores, nos dediquemos a conocer la felicidad; para sentirnos jóvenes cuando tengamos unos años, en virtud del recuerdo de la felicidad que hemos tenido en el pasado, y de jóvenes sin embargo, para reforzarnos con esta y prepararnos a no temer al futuro.

Busquemos entonces de reconocer las cosas que nos dan la felicidad, porque cuando está, no buscamos nada más, y cuando sin embargo no está, hacemos de todo para poseerla.

Practica y medita acerca de las cosas que te he recomendado siempre, porque son los fundamentos para una vida feliz.

Sobre Dios:

Primero de todo considera la naturaleza de Dios como una cosa eterna y feliz, como nos sugiere la misma idea de divinidad que nos es innata. No atribuyas a la divinidad nada que sea privada de fuerza y vitalidad o que sea el contrario a todo aquello que es feliz, pero mírala siempre como una condición de eterna unión con la felicidad.
….
Dependiendo de cómo se piensan que son los Dioses, les podemos hacer resaltar a estos los mayores sufrimientos, así como los bienes más espléndidos. Pero nosotros sabemos que ellos existen con la condición perfecta de felicidad…

Sobre la muerte:

¡Acostúmbrate a pensar que la muerte no significa nada!
Reflexiona: el disfrutar y el sufrir son ambas sensaciones que nosotros advertimos solo viviendo, mientras la muerte sin embargo, es la abstinencia total del sentir.

Cuando nosotros estamos en vida, la muerte no está, cuando ella está, no estamos nosotros.
No es nada entonces, ni para los vivos ni para los muertos: para los vivos porque no está, para los muertos sin embargo, porque no son más ellos.

El verdadero sabio, así como no le desagrada vivir, no teme ni siquiera no vivir. Para él la vida no es un mal, como no es un mal el no vivir.


Sobre el futuro:

Tengamos presente que el futuro es solo en parte nuestro. Solo así lo aceptaremos plenamente; sin esperar que absolutamente tendremos aquello que deseamos y sin desesperarnos en el caso contrario.

Sobre los deseos:

Así recordaremos que en cuanto respecta a nuestro deseos, sólo algunos son realmente naturales, mientras otros son inútiles, y entre los naturales podemos individualizar aquellos necesarios. Y entre los necesarios algunos son fundamentales para la felicidad, otros para el bienestar físico, otros para la vida.

Un conocimiento pleno de los deseos permite reconducir cada decisión al bienestar del cuerpo y a la perfecta serenidad del alma; es este el logro de un estado, el resultado de una vida feliz.

Cada acción debe alejarse de los sufrimientos y del ansia.

Una vez logrado esta condición, cada tormenta interna cesará, porque nosotros mismos no tendremos más necesidad de ninguna cosa, y ninguna cosa más deberemos buscar para el bien del alma y del cuerpo.
Nuestra  naturaleza de hecho, nos empuja a buscar placeres cuando sufrimos por falta de eso. Sin embargo si no sufrimos, significa que no tenemos necesidad.

Sobre los placeres:

Por eso nosotros retenemos el placer, fuente y fin de la vida feliz, porque lo hemos reconocido como el bien más importante que nos han concedido. Y en el placer debemos fundar nuestras decisiones, desde el momento que logramos cada decisión de aceptación o de rechazo, en base al sentimiento del placer o del dolor.

No siempre decidimos escoger el placer. A veces es más oportuno dejar algunos, porque podrían traer más mal que bien, mientras en otras situaciones es más oportuno escoger un sufrimiento respecto al placer, porque si es soportada, a la larga, llevará más adelante un mayor placer.

Así pues cada placer es un bien por su propia natura, pero no siempre lo escogeremos. De mismo modo cada dolor es un mal, pero no por eso siempre escaparemos. Debemos tener en cuenta placer y dolor según el caso específico, en base a los beneficios y daños inmediatos y futuros, que nos puede recaer. Algunas veces pasará que el bien será un mal, y el mal un bien.


Sobre las necesidades:

Otra cosa muy importante para nuestra felicidad es la independencia de las necesidades. Y no porque debamos conformarnos con poco, sino porque dejando de sentir siempre nuevas necesidades, lograremos disfrutar también de lo poco, si nos encontrásemos improvisadamente a no tener mucho; la abundancia de hecho, se disfruta con más dulzura cuando menos de ella dependemos.

En el fondo aquello que verdaderamente sirve es simple de encontrar, es lo útil en lugar de ser difícil.
Los sabores simples dan el mismo placer de los refinados; un vaso de agua y  un trozo de pan, son los placeres más grandes para quienes no tienen comida.

Saber vivir con poco, no solo lleva salud también nos libera de las preocupaciones por las necesidades de la vida, también, cuando nos llega el poder vivir en la riqueza, apreciamos mejor esta condición, y nos hace indiferentes ante las bromas de la suerte.


Sobre la inteligencia:

… es la lúcida reflexión que precede cada decisión, que hace posible reconocer y rechazar los falsos acondicionamientos, causa de inmensos sufrimientos para nuestra alma.

Principio y bien supremo de todo es la inteligencia de las cosas, y tal género de inteligencia es también preferible a la misma filosofía: es la madre de todas las virtudes.

Es la que nos ayuda a entender que no se puede tener una vida feliz sin que sea inteligente, hermosa y justa, del mismo modo una vida inteligente, hermosa y justa desprovista de felicidad, porque las virtudes son inherentes a la felicidad y de esta invisibles.


Sobre la suerte:

… las cosas suceden o por necesidad, o por voluntad de la fortuna o por nuestra voluntad.

La necesidad es sin responsabilidad, la suerte es cambiable, sin embargo nuestra voluntad es libre, y puede merecerse culpa o alabanza.
Antes de ser esclavos de nuestro destino, según los físicos, es mejor creer en las fábulas de los dioses, que al menos ellos pueden ser apaciguados con oraciones., en lugar de la implacable e inflexible necesidad.

El sabio no cree, que la fortuna puede dar a los hombres algún bien o mal determinante para una vida feliz, pero sabe, que puede empujarse hacia grandes bienes o grandes males.

Pero es mejor no tener fortuna, pero si sabiduría…

Referencias:
-      Citado en: Epicuro, “Carta sobre la Felicidad”, Good Mood, 2015.

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