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miércoles, 10 de febrero de 2016

La Felicidad tiene que fluir

El Doctor Mihaly Csikszentmihalyi, profesor de psicología, y autor del libro “Fluir – Una psicología de la felicidad”, nos introduce en el fascinante mundo del “fluir” y su asociación a uno de los caminos para lograr la felicidad.
 
Nos dice:
 
Hace veintitrés siglos Aristóteles llegó a la conclusión de que lo que buscan los hombres y las mujeres, más que cualquier otra cosa, es la felicidad. Mientras que deseamos la felicidad por sí misma, cualquier otra meta (salud, belleza, dinero o poder) la valoramos únicamente porque esperamos que nos haga felices.
 
Muchas cosas han cambiado desde el tiempo de Aristóteles. Sin embargo, sobre este tema tan importante poco ha cambiado en los siglos que han transcurrido.
Hoy no sabemos más acerca de la felicidad de lo que sabía Aristóteles y, respecto a saber cómo obtener esta condición tan valorada, casi podríamos decir que no hemos realizado ningún progreso.
 
A pesar del hecho de que hoy estamos más sano y nuestra vida es más larga que en siglos pasados, a pesar de tenar más recursos monetarios, y a pesar del inmenso conocimiento científico, las personas a menudo acaban sintiendo que han malgastado su vida y que sus años han transcurrido entre la ansiedad y el aburrimiento.
 
Reflexionando sobre ¿Cuándo se sienten felices las personas?, lo que “descubrí” es que la felicidad no es algo que suceda. No es el resultado de la buena suerte o del azar. No es algo que pueda comprarse con dinero o con poder. No parece depender de los acontecimientos externos, sino más bien de cómo los interpretamos. De hecho, la felicidad es una condición vital que cada persona debe preparar, cultivar y defender individualmente. Las personas que saben controlar su experiencia interna son capaces de determinar la calidad de sus vidas, eso es lo más cerca que podemos estar de ser felices.
 
Se sabe que no se puede alcanzar la felicidad mediante la búsqueda consciente de ella, y entonces: ¿cómo podemos alcanzar esta meta tan escurridiza que no puede alcanzarse por una ruta directa?
 
Mis estudios durante este último cuarto de siglo me han convencido de que existe un modo. Es un camino tortuoso que empieza consiguiendo el control sobre los contenidos de nuestra conciencia.
 
Todos hemos vivido ocasiones en que hemos sentido que teníamos el control de nuestras acciones, que éramos los dueños de nuestro propio destino. Cuando ha sucedido sentimos una especie de regocijo, un profundo sentimiento de alegría que habíamos deseado durante largo tiempo y que se convierte en un hito en el recuerdo de cómo debería ser la vida. Esto es lo que se denomina “experiencia óptima”.
 
Una “experiencia óptima” es algo que hacemos para que suceda. Los mejores momentos suelen suceder cuando el cuerpo o la mente de una persona han llegado hasta un límite en un esfuerzo voluntario para conseguir algo difícil y que valiera la pena.
 
Tener el control en la vida nunca es fácil, y a veces puede ser hasta doloroso, pero a largo plazo las “experiencias óptimas” añaden un sentimiento de maestría que está tan cerca de lo que queremos decir normalmente  como felicidad o como cualquier otra cosa que podamos imaginarnos.
 
Desarrollé una teoría de la experiencia óptima basado en el concepto de “flujo”, el estado en el cual las personas se hallan tan involucradas en la actividad que nada más parece importarles. La experiencia, por si misma, es tan placentera que las personas la realizarán incluso aunque tenga un gran costo, por el puro motivo de hacerla.
 
“Flujo” examinar el proceso de conseguir felicidad gracias al control de nuestra vida interna.
 
“Flujo” es la manera en que la gente describe su estado mental cuando la conciencia está ordenada armoniosamente; gente que desea dedicarse a lo que hace por lo que le satisface en sí. Al repasar algunas de las actividades que de forma consistente producen flujo es más fácil entender qué hace feliz a la gente.
 
Y desde luego es crucial aprender a transformar el trabajo en actividades que produzcan flujo.
 
Así se puede entender la felicidad que siente un marinero al tensar una cuerda y sentir cuando el viento sopla entre sus cabellos, cuando el bote se lanza a través de las olas como un potro; las velas, el casco, el viento y el mar tarareando una canción que vibra en las venas del marinero. El marinero está en “flujo”.
  
Referencia:
-      Citado en: Mihaly Csikszentmihalyi, “Fluir – Una psicología de la felicidad”, Editorial Kairós, 1ra. Edición Digital, Julio 2010.

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